Quizás el nombre no te suene de nada, pero el Lorem Ipsum está en todas partes.
Mi interés por este tema surgió de la forma más curiosa: observando los diálogos y las animaciones de la serie Ladybug. En una escena de apenas un par de segundos, apareció un póster que contenía el famoso «texto plantilla». En el mundo de la informática y el diseño, estos párrafos se utilizan constantemente para probar la estética de una tipografía o el interlineado de una maqueta antes de tener el contenido real. Es una práctica habitual, ya que los textos definitivos de una publicación o un catálogo suelen llegar a última hora; así, el diseñador lo deja todo listo para que el retoque final sea tan sencillo como sustituir el relleno por la información real.
No escribo esto para criticar su uso, sino para aprovechar este hallazgo como pretexto y explicar de dónde vienen estas frases de apariencia absurda.
Un origen de más de 500 años
El uso de estos textos se remonta al año 1500. En aquella época, las imprentas empezaban a diversificarse más allá de la edición de biblias. Los impresores necesitaban crear catálogos de muestras para sus clientes, pero querían evitar que estos se distrajeran leyendo el contenido. El objetivo era que el comprador se fijara exclusivamente en la «mancha» tipográfica, el diseño y la forma que generaba el bloque de texto en el papel.
Para lograrlo, decidieron recurrir a los versos de Cicerón, concretamente a su obra De finibus bonorum et malorum (Sobre los límites del bien y del mal), escrita en el año 45 a.C. La parte más emblemática del Lorem Ipsum se encuentra en el Libro Primero (capítulos X, apartados 32 y 33). Si tienes curiosidad, puedes consultarlo en los archivos digitales de la Universidad de Stanford (pag. 72) o en Archive.org (pag. 36).
¿Quién lo inventó realmente?
En la novela histórica La catedrática, de María López Villarquide, se sugiere que fue Fadrique de Basilea quien desarrolló esta técnica en su imprenta de Burgos (lugar donde, curiosamente, se imprimió la primera edición de La Celestina). Sin embargo, como ocurre con la ficción histórica, la autora aclara que algunos hechos y personajes son una mezcla de realidad e invención.
En conclusión: aunque sabemos con relativa exactitud de dónde provienen las palabras (las obras de Cicerón), es difícil determinar quién fue el primero en «fragmentarlas» para ponerlas de moda como estándar de la industria. Lo que es innegable es que, cientos de años después, estos textos siguen siendo la herramienta más útil para los diseñadores de todo el mundo, y hoy en día podemos seguir generándolos a demanda en un solo clic.


