Pokémon TCG, de lo friki a lo moderno

¿Cómo empecé en el mundillo?

Como he mencionado en alguna otra entrada, el mundo de Pokémon es prácticamente infinito y está compuesto por una de las comunidades más ricas y diversas del mundo. Esto incluye, por supuesto, a su rama del Trading Card Game (TCG), que es quizás la parte que más movimiento y popularidad está adquiriendo actualmente.

En mi caso, hace exactamente 16 años que empecé a coleccionar cartas de Pokémon, concretamente con la baraja de Feraligatr en la expansión HeartGold & SoulSilver. Por aquel entonces yo tenía 15 años, poco dinero y, posiblemente, Pokémon no era la tendencia del momento. Yu-Gi-Oh! o incluso Magic tenían mucha más presencia en mi círculo, lo que hizo que, al poco de iniciar la colección, abandonase el hobby y acabara comprando cartas de otras colecciones para poder jugar con mis amigos.

Es una lástima porque, si realmente hubiera seguido invirtiendo en el TCG de Pokémon, a día de hoy tendría bastantes álbumes repletos de «hits», por no hablar de los beneficios. Para que os hagáis una idea: la baraja con la que me inicié se vende hoy sellada a casi 200 €, cuando su precio original era de apenas 13 €.

Esto supone un 1.400 % de beneficio en 16 años. Para que hasta el más despistado lo entienda: si en 2010 hubieras invertido esos mismos 13 € en oro (el valor refugio por excelencia), hoy tendrías unos 45 €. El oro ha multiplicado tu dinero por 3, pero las cartas de Pokémon lo han multiplicado por 15. Es una rentabilidad que ningún banco te ofrecerá jamás; literalmente, el «cartón» ha sido mejor inversión que el metal más preciado del mundo.

¿A qué se debe esto?

En parte a los youtubers e influencers por inflar la popularidad del producto convirtiéndolo en una moda; en parte a los scalpers por su papel en la reventa y, por último pero no menos importante, a la propia Pokémon Company debido a la escasa impresión del producto. A día de hoy sigo sin entender cómo puede ser que el día de lanzamiento me persone en mi tienda de confianza y me digan que no les quedan sobres, ETBs o cualquier otro producto. Te resignas, acabas en Amazon o en alguna web especializada y, para sorpresa de nadie, tienes que apuntarte a una lista de espera… Surrealista.

A pesar de todo

No obstante, y a pesar del mercantilismo y la desesperación en la que se ha convertido este hobby, me sigue pareciendo una afición preciosa que se mueve en un entorno sorprendentemente equilibrado y lleno de buenas personas. Conviven bajo un mismo interés y, aunque los jugadores se lleven décadas de diferencia entre sí, nunca he visto una mala cara o un intento de timo hacia los más peques.

Y ahí es donde quería llegar: jugar un torneo en una mesa y ver a tu hijo competir contra su rival en la de enfrente es una experiencia única. Aparte de servir para afianzar lazos, genera horas de conversación sobre estrategia y truquillos con tus pequeños al llegar a casa… ¡En mi caso, a veces hasta le tengo que pedir que cambie de tema (y mira que me gusta Pokémon)!

Concluyo diciendo que, aunque se critique el sedentarismo en ciertos hobbys, nunca he escuchado críticas hacia un niño que toca el piano o juega al ajedrez. Sin embargo, siempre se escucha la coletilla de que «los Pokemones» son cosa de frikis solitarios y amargados. Es un estigma contra el que nos tocará combatir mientras dure este maravilloso hobby en nuestra casa.

Molécula
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